El faisán es un ave de cuerpo alargado, patas relativamente fuertes y cola muy larga, especialmente visible en los machos. En términos orientativos, suele medir entre 50 y 60 cm, aunque la longitud total puede parecer mayor por el desarrollo caudal. El peso habitual ronda 1 a 1,5 kg, con variaciones según sexo, edad, alimentación y origen de la población.
Existe un marcado dimorfismo sexual. El macho es mucho más vistoso: cabeza y cuello con brillo metálico, tonos cobrizos, dorados y castaños en el cuerpo, cola barreada y, en muchas variedades, un anillo claro en el cuello. La hembra presenta plumaje pardo críptico, jaspeado y discreto, excelente para pasar desapercibida entre rastrojos, herbazales y vegetación seca. Esta diferencia visual resulta clave para la identificación en campo.
En vuelo, el faisán muestra alas relativamente anchas, batido poderoso y trayectoria recta en distancias cortas. En tierra, camina y corre con soltura, manteniendo una postura horizontal y alerta. Sus patas, provistas de dedos fuertes, dejan rastros visibles en suelos blandos y revelan su carácter eminentemente terrestre.